| Confia en mí |
|
|
|
|
Es tan seguro que te despertaré como que me desperté a mí mismo, porque desperté por ti. En mi resurrección radica tu liberación. Nuestra misión es escaparnos de la crucifixión, no de la redención. Confía en mi ayuda, pues yo no caminé solo, y caminaré contigo de la misma manera en que nuestro Padre caminó conmigo. ¿No sabías que caminé con El en paz? ¿Y no significa eso que la paz nos acompaña durante toda la jornada?
En el amor perfecto no hay miedo. No haremos otra cosa que mostrarte la perfección de lo que ya es perfecto en ti. No tienes miedo de lo desconocido sino de lo conocido. No fracasarás en tu misión porque yo no fracasé en la mía. En nombre de la absoluta confianza que tengo en tí, confía en mí aunque sólo sea un poco, y alcanzaremos fácilmente la meta de perfección juntos. Pues la perfección simplemente es y no puede ser negada. Negar la negación de lo perfecto no es tan difícil como negar la verdad, y creerás en lo que podemos realizar juntos cuando lo veas realizado.
Tú que has tratado de desterrar el amor no has podido lograrlo, pero tú que eliges desterrar el miedo no podrás por menos que triunfar. E1 Señor está contigo, pero tú no lo sabes. Sin embargo, tu Redentor vive, y mora en ti en la paz de la cual Él fue creado. ¿No te gustaría intercambiar tu conciencia de miedo por esta conciencia? Cuando hayamos superado el miedo-no ocultándolo, ni restándole importancia, ni negando en modo alguno su impacto-esto es lo que realmente verás. No puedes dejar a un lado los obstáculos que se interponen a la verdadera visión a menos que primero los observes, ya que dejarlos a un lado significa que has juzgado contra ellos. Si los examinas, el Espíritu Santo los juzgará, y los juzgará correctamente. Sin embargo, Él no puede eliminar con Su luz lo que tú mantienes oculto, pues tú no se lo has ofrecido y Él no puede quitártelo. Nos estamos embarcando, por lo tanto, en un programa muy bien organizado, debidamente estructurado y cuidadosamente planeado, que tiene por objeto aprender a entregarle al Espíritu Santo todo aquello que no desees. El sabe qué hacer con ello. Tú, sin embargo, no sabes cómo valerte de Su conocimiento. Cualquier cosa que se le entregue que no sea de Dios, desaparece. No obstante, tú tienes que estar completamente dispuesto a examinar eso que le entregas, ya que de otro modo Su conocimiento no te servirá de nada. El jamás dejará de prestarte ayuda, pues prestar ayuda es Su único propósito. ¿No es cierto acaso que tienes más razones para temer al mundo tal como lo percibes, que para mirar a la causa del miedo y abandonarla para siempre? Capítulo 12 EL PROGRAMA DE ESTUDIOS DEL ESPIRITU SANTO II. Cómo recordar a Dios
|




